HISTORIA DE LA RAZA "SAN BERNARDO"

 

En el paso de montaña del Gran Monte St. Bernhard, a 2.469 metros sobre el nivel del mar, unos monjes fundaron en el siglo XI, un hospicio para viajeros y peregrinos. Allí se criaron, desde mediados del siglo XVII, perros grandes de montaña para guardia y vigilancia. La existencia de aquellos perros está documentada gráficamente desde 1695 y por escrito en unas crónicas del hospicio desde el año 1707. Estos perros pronto se utilizaron como perros de escolta y, especialmente, como perros de salvamento para viajeros perdidos en la niebla y la nieve. Existen crónicas publicadas en muchos idiomas sobre las numerosas vidas que fueron salvadas por estos perros de la "muerte blanca" y relatos de soldados que cruzaron el paso de montaña con Napoleón Bonaparte hacia 1.800, en el siglo XIX, que extendieron la fama del perro de San Bernardo por toda Europa.

Imágenes actuales del Hospicio del Gran San Bernardo 

 

Históricamente, las primeras referencias a perros en el Hospicio se remontan a finales del siglo XVII. Unas pinturas de 1695 realizadas por Savatore Rosa, (y que conocemos por las copias que de ellas hizo P. Martel a principios del XVIII) ya muestran sendos ejemplares con algunos rasgos ya parecidos a los actuales, y sabemos por una nota posterior que, en 1700, el ecónomo del Hospicio tuvo la idea de hacer girar los espetones en los que se asaba la carne con el auxilio de un perro que caminaba por el interior de una rueda. Anotaciones en los libros de contabilidad, algunos utensilios, e incluso pieles de perro utilizadas como alfombras, son otros indicios del uso de los animales por los monjes deGrabado de P. Martel de un perro del Hospicio.

 

"Barry", que significa "osito" en dialecto bernés, fue un nombre muy común entre los perros del Hospicio, y parece que en un principio los monjes empleaban la palabra para referirse genéricamente a todos ellos. A principios del siglo XX, otro "Barry" (conocido como "Barry II") alcanzó una fama similar a la de su antecesor, y cuando murió ahogado en el lago fueron muchos los museos europeos que solicitaron su cadáver para exponerlo con todos los honores; pero el agua lo había deteriorado tanto que resultó imposible disecarlo. Quien sí está disecado es "Barry III", muerto al caer por un barranco en 1910 y expuesto actualmente en el museo del Hospicio.

 

El origen remoto 

 

El origen de los perros San Bernardo es bastante difícil de precisar, en gran parte gracias a los muchos eruditos que han intentado encontrarlo con más buena voluntad que acierto.

 

En efecto; es habitual, siguiendo a Keller, trazar una línea que hace descender a los San Bernardos de los grandes perros empleados por los señores feudales suizos en la Edad Media. Estos, a su vez, descenderían de los "molosos", los grandes perros que las legiones romanas empleaban para todo tipo de cometidos (incluyendo el combate). Los molosos, por su parte, tendrían sus antecesores en los grandes perros de combate asirios, los cuales descenderían del mastín tibetano.

Mastín Tibetano

 

Este "árbol genealógico" es indudablemente atractivo, pero poco consistente. Empezando por su tronco más antiguo, resulta difícil imaginar cómo se las arreglarían los mastines tibetanos para llegar hasta Asiria sin dejar rastro alguno en las zonas geográficas intermedias. Y es que no eran perros que pasasen fácilmente desapercibidos: cuando Marco Polo decía que eran "grandes como un asno", quizás exagerase, pero no demasiado. Por otro lado, recientes estudios genéticos permiten comprobar que el parentesco entre los mastines tibetanos y los San Bernardos, si existe, es tan remoto que prácticamente habría que descartar por completo la posibilidad de que estos desciendan de aquellos.

 

Más consistente parece la idea de que los San Bernardos procedan, más o menos directamente, de los grandes perros asirios. Los asirios empleaban estos colosos para la caza y el combate, y algunos de los que han dejado retratados en sus bajorrelieves presentan un parecido con los actuales San Bernardos ciertamente sorprendente. 

Bajo rrelieve asirio representando a un perro de caza y combate sorprendentemente parecido a un San Bernardo. Procede de Nínive, y está fechado hacia el año 600 a.C.

 

Sin embargo, la tesis también tiene un eslabón débil: la introducción en Europa. Según la versión más extendida, estos perros llegaron a nuestro continente a través de los molosos romanos, pero resulta que los molosos representados en pinturas y bajorrelieves griegos y romanos, y descritos por los autores clásicos, son mucho más pequeños, y de aspecto atlético y estilizado. En realidad, se parecen a los perros asirios (o a los San Bernardos) como un huevo a una castaña. Ante este dato, algunos autores han hablado, más o menos confusamente, de una presunta raza de perros asirios, más pequeños que los retratados en los bajorrelieves, de la cual procederían estos molosos; los San Bernardos, a su vez, provendrían de los molosos que, aislados en las montañas suizas, recuperarían el gran tamaño de sus lejanos antecesores tibetanos. Sin embargo, no hay el menor indicio que apoye esta tesis, y más bien parece un intento, muy traído de los pelos, de salvar la idea original sobre la procedencia asiria de los San Bernardos.

 

Una alternativa es la de atribuir la introducción en Europa de los grandes perros asirios a los fenicios o, mejor aún, a los cartagineses. En lo que se refiere concretamente a los San Bernardos, la versión más atractiva (desde un punto de vista estrictamente estético, claro) es la que incluye a Aníbal. En efecto; hay quien asegura que el Estrategacartaginés alineaba en su ejército a una unidad dotada de grandes perros de combate, y que es muy posible que se escapasen algunos de ellos durante su famoso paso por los Alpes, que habría tenido lugar, según la tradición, precisamente por el Puerto del Gran San Bernardo. Naturalmente, estos perros serían los antepasados directos de la raza. Lamentablemente, la historia también cojea por varios puntos. Para empezar, a pesar de que la composición del ejército de Aníbal está bastante bien documentada, resulta que no hay la menor constancia de que emplease perros. Y para continuar, se sabe con toda seguridad que Aníbal no cruzó los Alpes por el Gran San Bernardo. La propaganda de Napoleón quiso vincular su propio paso por el Gran San Bernardo con los de Aníbal y Julio César, pero los vestigios arqueológicos demuestran que los dos grandes militares de la antigüedad emplearon otros puertos; el de **, en el caso de Aníbal, y el hoy llamado Julierpass, en el de Julio César. En definitiva, que la historia es preciosa, pero no hay por donde cogerla. Una pena, ¿verdad?

 

En realidad, la respuesta al enigma del origen de los San Bernardos no tiene por qué pasar por el Tibet, ni por Asiria, ni por las legiones romanas o el ejército cartaginés. Basándose en el estudio comparativo de los cráneos de perros contemporáneos y de cráneos prehistóricos, especialmente del llamado "período Hallstatt" (1200-800 a.C.), el profesor Theodor Studer ha llegado a la conclusión de que tanto los San Bernardos como las restantes grandes razas europeas provienen de antepasados comunes también europeos; en concreto, de una raza que ha bautizado como "Canis Familiaris Palustris Rytimezer". El aislamiento de grupos de estos perros primigenios en diversas zonas montañosas, y el diferente uso que los humanos hicieron de ellos en cada lugar, propiciaron que evolucionasen hacia razas separadas que, sin embargo, aún conservan rasgos tan parecidos que mucha gente las confunde entre sí. Una tesis alternativa (aunque no necesariamente excluyente) sería la del "Ovtcharka de Asia Central", llamado así por una estatuilla encontrada en las proximidades de esta ciudad del actual Turkmenistán y datada hacia el 2000 a.C. Los grandes molosos de Europa y Asia (incluyendo el célebre Mastín Tibetano) provendrían en conjunto de esta raza, extendida en tiempos prehistóricos desde un posible origen centroasiático. En cualquier caso, ambas tesis concordarían con los datos sobre variabilidad genética, que sitúan la divergencia entre los San Bernardos y otras razas supuestamente descendientes de los grandes perros asirios varias decenas de miles de años antesde la existencia de las civilizaciones del "Creciente Fértil".

 

Del valle al Hospicio

 

Sea cual sea el origen remoto de los San Bernardos, la narración tradicional continúa diciéndonos que estos grandes perros permanecerían en manos de la nobleza feudal suiza durante siglos, hasta que algunos de ellos pasaron, probablemente por donación, a la propiedad del Hospicio. Fue allí donde, lejos del mestizaje de los valles, los monjes pudieron preservar la pureza morfológica de aquellos perros.

 

No cabe ninguna duda de que, en efecto, los antecesores directos de los San Bernardos fueron los perros que mantenía la nobleza suiza. Las imágenes caninas que aparecen en muchos blasones, e incluso en estatuas, muestran un aire de familia con los perros actuales.

 

Sin embargo, lo que no está tan claro es que estos perros estuviesen exclusivamente en manos de la nobleza. Aunque no hay testimonios gráficos, sí que nos han llegado escritos, tradiciones orales e incluso frases y dichos populares que parecen indicar que los antecesores del San Bernardo eran perros muy comunes en Suiza. De hecho, los San Bernardos de los viejos grabados y las primeras fotografías son totalmente idénticos a otros perros suizos de pastoreo.

 

A mayor abundamiento, resulta sencillamente imposible que los monjes pudiesen mantener generación tras generación un reducido grupo de perros sin mezcla alguna con los de otras zonas: la repetida consanguinidad habría acabado con ellos. Y de hecho, aunque los monjes adquirían con frecuencia algún perro de los valles para "renovar la sangre", se sabe que en varias ocasiones perdieron a todos sus ejemplares y tuvieron que empezar de cero. Y, en esas condiciones, parece un tanto difícil conseguir crear y mantener una raza "sui generis".

 

Y de vuelta al valle

 

En realidad, todo indica que el origen de los San Bernardos no está en el Hospicio, sino en los valles y montañas suizos en general. El estudio comparativo de cráneos de antiguos perros del Hospicio con otros perros pastores de los valles muestra que se trata de la misma raza, y así lo confirman testimonios como el de Max Siber, uno de los primeros criadores suizos, que en 1884 escribió en Tomo I del Libro de Orígenes Suizo que "muchos creen que los San Bernardos proceden sólo del Paso del mismo nombre. No es cierto: los San Bernardos están presentes en los puertos de montaña de toda Suiza, y también viven en el Valais y en la campiña de Berna".

 

En un principio, los perros eran utilizados para tareas de trabajo, transporte y vigilancia. Pero a partir de mediados del siglo XVIII, los monjes empiezan a utilizar a sus perros para el rescate.

 

 En realidad, el Hospicio lo tenía todo muy bien organizado, y procuraba reunir a quienes deseaban atravesar el Puerto en grupos que viajaban acompañados por un "marronier" o guía. El "marronier" llevaba siempre consigo a uno o varios perros, para que le sirviesen de protección y ayuda e incluso para transportar pequeñas cargas en una especie de alforjas.

Sin embargo, era frecuente que algunos viajeros se adentrasen solos en la montaña, y en ese caso el "marronier", en cuanto tenía noticias de ello, salía a buscarlos, siempre acompañado de su perro. Con un tiempo tan terrible, no era raro que los viajeros (o incluso los propios "marroniers") quedasen atrapados en algún desprendimiento o avalancha, o resbalasen por los caminos helados.

                                        

   Un "marronier" con su perro                                                        Imágenes de un rescate

 

En estas ocasiones, los perros resultaban insustituibles. Gracias a su excepcional olfato, eran capaces de localizar a una persona enterrada bajo varios metros de nieve, y con su gran tamaño y su tremenda fuerza física conseguían abrirse paso hasta ella. También eran capaces de oír los gritos de auxilio desde grandes distancias, ante lo cual llamaban frenéticamente la atención de los monjes e incluso, según confirman las crónicas, a veces se lanzaban ellos solos al rescate. Se calcula que, a lo largo de dos siglos, los monjes y sus perros salvaron a unas dos mil personas atrapadas en la nieve, localizando además a más de doscientos cadáveres, que aún yacen en la "morgue" del Hospicio.

No todos lo conseguían. Imagen del interior de la "morgue" del Hospicio, tapiada en 1950.

 

El más famoso de los perros del Hospicio fue "Barry". Según la leyenda del monumento que se le erigió en el cementerio de perros de Asnières, en Paris, Barry "salvó la vida a cuarenta personas, y fue muerto por la cuarenta y uno". Y es que, según se dice, "Barry" murió cuando un soldado a quien intentaba rescatar lo confundió con un animal salvaje dispuesto a atacarle.

 

En realidad, "Barry" murió plácidamente en 1814, en Berna. Había nacido en 1800, y pronto se distinguió de los demás perros del Hospicio por su fuerza y su coraje. Es difícil saber cuántas personas rescató realmente, ya que los monjes no lo consignaron, pero debieron ser muchas, puesto que su fama se había extendido ya por toda Europa incluso antes de que, en 1812, un monje decidiera llevárselo a su casa para que pasara tranquilamente sus últimos años. A su muerte, su cadáver fue entregado al Museo de Historia Natural de la Universidad de Berna, donde fue disecado y donde aún permanece expuesto al público.

Barry, tal y como se expone actualmente en el Museo de Historia Natural de Berna.

 

El estudio comparativo de cráneos, así como el examen de pinturas, grabados y viejas fotografías, muestra asimismo que tanto en el Hospicio como en los valles los perros se presentaban en dos "modalidades": la mayoría tenían el morro largo y la frente hundida, pero unos pocos mostraban una cabeza bastante más grande, con morro corto y pronunciado "stop". Sólo a partir de finales del siglo XIX y, sobre todo, durante la primera mitad del XX, esta última conformación anatómica se iría convirtiendo en la típica de los San Bernardos. Pero en esto tampoco intervino el Hospicio, sino los criadores particulares, en su afán de cubrir la demanda de este tipo de perros.

 

De hecho, el Hospicio fue "a lo suyo" incluso mucho después de que fuese aprobado el primer "estándar" oficial suizo, en 1887. En 1917, ninguno de los perros del Hospicio tenía máscara, y una descripción de 1925 asegura que eran "muy pequeños, algunos completamente blancos, y todos con cola anillada".

 

Origen del Estándar

 

Heinrich Schumacher de Holligen, cerca de (Berna), fue el primero, en 1.867 en crear documentos genealógicos para sus perros. En febrero de 1.884 se abrió el "Schweizerische Hundestammbuch (libro de raza suizo, SHSB). La primera anotación fue la del perro de San Bernardo "León", a la que siguieron otras 28 anotaciones también de perros de San Bernardo. El 15 de marzo de 1.884 se fundó el "Schweizerische St. Bernhardsclub" (Club Suizo del perro de San Bernardo) en Basilea. A raiz de un congreso cynológico internacional celebrado el 2 de junio de 1.887, el perro de San Bernardo fue reconocido oficialmente como raza suiza y el estándar de la raza se convirtió en obligatorio. Desde entonces el perro de San Bernardo se convirtió en el "perro nacional Suizo".

 

 Y también parece haber sido obra de los criadores la aparición de la variedad de pelo largo. Heinrich Schumacher aseguraba que los San Bernardos de pelo largo procedían del Hospicio. Según su versión, hacia 1830 los monjes pretendieron mejorar la resistencia al frío de sus perros cruzándolos con una pareja de Terranovas, dando lugar a unos animales de tamaño aún mayor del habitual. Sin embargo, su intento fue un fracaso, dado que el pelo largo acumulaba hielo y escarcha, haciendo a los perros más pesados y torpes. Sigue contando Schumacher que los monjes se deshacían de los perros de pelo largo regalándolos a los granjeros de los valles, gracias a lo cual, asegura, el San Bernardo se extendió por toda Suiza.

 

En realidad, sin embargo, el origen de la variedad de pelo largo es tan enrevesado que resulta una completa incógnita. El propio Shumacher dejó escrito en otras ocasiones que los San Bernardos de pelo largo procedían de cruces de los San Bernardos originales con una hembra de Gran Danés y un macho de Montaña del Pirineo, o que se trataba de mezclas entre San Bernardos y perros de los valles, de pelo largo. También Max Siber alude al cruce entre los San Bernardo de la montaña y los "perros pastores de pelo largo del Valais", pero niega categóricamente cualquier cruce con Terranovas. Y, en fin, otros autores de la época hablan de cruces con Leonbergers (una raza creada por aquella misma época a base de cruces entre San Bernardos, Terranovas y Montañas del Pirineo). Puede que todos tuviesen un poquito de razón.